Determinación del punto final de una valoración

Existen varios medios para la determinación del punto final de las valoraciones y pueden dividirse en indicadores químicos y físicos. Dentro de los primeros están los autoindicadores en casos en que la disolución valorada tiene un color tan característico e intenso que se aprecia enseguida un ligero exceso de la misma, esto es lo que ocurre en las valoraciones con disolución de permanganato de potasio.

Lo más frecuente es tener que adicionar al sistema reaccionante otra sustancia que actúe como indicador añadido. Estos indicadores extraños a la reacción volumétrica, pero incorporados al sistema pueden actuar de distinta manera poniendo de relieve el punto final por: a) aparición o desaparición de un precipitado, b) por un cambio notable del color de la disolución perceptible a la luz ordinaria o con observación a la luz ultravioleta, pudiendo en ambos casos hacerse la observación a simple vista o por medio de algún sistema óptico (espectrofotómetro, etc.)

A veces no se introduce el indicador en el sistema reaccionante, sino que se sitúa fuera del mismo y es preciso extraer de cuando en cuando una gota de la disolución problema para ponerla en contacto con el indicador externo, este último procedimiento es de los menos utilizados por lo engorroso del mismo y el gran error que puede cometerse si se extraen muchas gotas de la disolución problema.

En cambio tienen gran importancia los indicadores físicos, basados por ej., en la observación del cambio brusco producido en la conductividad o constante dieléctrica de la disolución problema al alcanzarse el punto de equivalencia en numerosas reacciones de neutralización y precipitación, o en las rápidas alteraciones causadas en la diferencia de potencial entre un electrodo adecuado sumergido en la disolución y un electrodo de referencia, por una serie de pequeñas adiciones de un reactivo que provoca una neutralización o un fenómeno redox, y también en el registro de las variaciones de la corriente eléctrica que circula a través de una célula polarográfica que contiene a la disolución del componente que se trata de determinar.

El método que se utiliza en cada caso particular depende del tipo de reacción que en él tenga lugar y de la posible presencia de alguna sustancia que interfiera. De este modo, lo más frecuente y suficientemente exacto, es el valorar las disoluciones de ácidos y bases en presencia de un indicador coloreado que, como la fenolftaleína o el naranja de metilo, pone de relieve el punto final por un cambio de color bien definido procedimiento que no puede utilizarse cuando se trata de valorar una disolución de un ácido o una base que tenga ya color propio, en cuyo caso debe elegirse un método conductométrico o potenciométrico que dará mejores resultados.